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Entrando en la finca.

 La gran puerta de acceso a la casa es antigua y recuperada. El paisajista que se encargó del jardín es Vicente Pérez.

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Un gran porche.

 Las cenas en verano, a cobijo del porche son una delicia.

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En el salón de verano.

El arquitecto Pedro Hernández, responsable de la rehabilitación de la casa.

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Flores y limones.

Para aromatizar las veladas en el porche.  

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Un porche en tonos cálidos.

 Sofás y pufs de Gloster. Mesas diseño del arquitecto y fabricadas por Talleres Masso.

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La fachada, original.

 Si las piedras hablaran seguro que nos contarían mil y una historias de esta masía de casi 200 años de vida. Y es que su hermosa fachada es la original. “Se eliminaron los antiguos revocos de mortero de cal y se picó hasta sacar la piedra original”, cuenta Pedro Hernández, responsable del proyecto de rehabilitación en el que ha colaborado también su hijo Fernando Hernández, ambos del estudio de arquitectos que lleva el mismo nombre. 

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De la cocina al salón.

Mesa, diseño del arquitecto y realizada por Carpintería Carrasco. Vajilla, en Villa Garnelo. 

8.

Muy natural.

 La decoración es toda en colores naturales para reforzar la conexión con el jardín. El comedor se ha planificado entre la cocina y el salón. Para que los tres ambientes estuvieran bien comunicados, se han cerrado con correderas.

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La importancia de las puertas correderas.

 Abiertas, las puertas correderas convierten salón, comedor y cocina en un solo espacio. En el comedor, mesa, diseño del arquitecto y realizada por Carpintería Carrasco. Vajilla, en Villa Garnelo.

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Un salón muy espacioso.

 Sofás de Pau Design. Mesa de centro del arquitecto. Las lámparas, en Vilmupa. 

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Mesa de juegos.

Sillas, diseño de Hans J. Wegner. Mesa de dominó, diseño del arquitecto.  

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Frente a la chimenea.

 Los sofás extragrandes necesitaban una mesa de centro proporcional. Para que fuera más práctica, se han elegido dos gemelas.

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El dormitorio de la niña.

 Las puertas de la casa son de pino teñido en blanco con herrajes de acero inoxidable diseño de Antonio Citterio para Fusital de El Picaporte. 

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Saber aprovechar el espacio.

 Tres hornacinas aprovechan el entrante y sirven de librería sin restar metros. 

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Con rincón de estudio.

 Escritorio de DM lacado realizado por Carpintería Carrasco. Silla de Arper y flexo de Flos. 

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La buhardilla, para los peques.

 Puf de Ikea. Camas, diseño del arquitecto realizadas por Carpintería Carrasco. 

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Juegos de verano.

Barco y cojín de rayas, a la venta en Triggo. La caja de madera blanca, en la misma tienda. 

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Sobre la cama.

Peluches, adquiridos en Triggo. Colchas de Zara Home y cojines, a la venta en Filocolore. 

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Un puf enorme.

Todo en esta casa se ha pensado a lo grande. Es de Ikea.  

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Para invitar a los amigos.

Se realizó un dormitorio múltiple pensado para los hijos de los amigos cuando vienen a pasar el fin de semana. Nada menos que nueve camas: seis y tres de ellas nido.

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Entrando al dormitorio principal.

 La entrada al dormitorio se ha aprovechado con armarios empotrados a modo de vestidor. Las puertas de los armarios se han diseñado a juego con la carpintería del resto de la casa.

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El vestidor de los propietarios.

Situado en el pasillo de acceso al dormitorio, tiene la misma carpintería que el resto de la casa.  

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El dormitorio principal.

Cabecero de cuero realizado por Tapicería Daniel y Fernando C.B. Banqueta de Carpintería Carrasco. Todo es un diseño del arquitecto.

Era un antiguo pabellón de caza enclavado en medio del campo. Según nos contaron los arquitectos que la remodelaron, la construcción, como muchas de las de su género, tenía los techos bajos, luz escasa y unos interiores compartimentados y angostos.

Una transformación a medida de sus dueños, padres de tres hijos pequeños y amantes de una decoración limpia y ligera. Una preferencia que opta por conservar lo mejor del pasado (los muros exteriores) y rodearse al mismo tiempo de unos interiores actualísimos, despejados, prácticos y decididamente urbanos. Una muestra clarísima: mientras el porche cubre su suelo con grandes baldosas de piedra, nada más traspasar la puerta es la madera la encargada de tal función. Una tarima clara, de lamas anchas, perfectamente entonada con las paredes color crema pastelera y el delicado fresno nórdico de las sillas danesas del comedor.

Exteriores rústicos perfectamente remozados y con un porche espléndido. Y unos interiores de arquitectura impecable, ordenados, claros y leves sobre no podemos evitar destacar dos cosas. Primero, la sucesión de espacios salón-comedor-cocina. Se trata de un todo continuo y, al mismo tiempo, de tres ambientes que pueden aislarse. La solución: esas puertas correderas de aluminio con cuarterones de cristal al ácido, ligerísimas, que remiten directamente a los evanescentes paneles de papel de arroz de los interiores japoneses. Y atención a los techos de lamas de madera y vigas pintadas de blanco que amplían la ya muy considerable altura y de paso “recuerdan”, sin agobiar ni pesar lo más mínimo, la situación de la casa en pleno campo y la sólida presencia de sus muros de piedra inequívocamente rústicos.

El mobiliario, en su mayor parte, está hecho a medida de las dimensiones tan amplias (a lo ancho y a lo alto) de los espacios. Los sofás son XXL, como lo es el puf blanco, proporcionados a la doble mesa y a la chimenea empotrada en la piedra.

El tono de muebles, tapicerías y complementos se mueve en la gama de los beis llegando en ocasiones puntuales al marrón para subrayar algunas piezas (los sofás en el salón, el cabecero en el dormitorio principal). Una elección pensada para conseguir ligereza y levedad, casi casi transparencia. Tan solo una excepción: el rosa vibrante de la habitación de la niña. Pero como todos sabemos, la excepción confirma la regla.