Nos encantan los matices, los detalles y las texturas, y es que vivir con nosotros puede llegar a ser toda una aventura. Somos amantes de lo bello y lo armonioso y nos fascina encontrar equilibrio. Tocar la madera, sentir la suavidad de la lana y oler un ramo de flores recién cortadas nos pirra. Eso sí, los decoadictos tenemos nuestras cositas. Estas son algunas de las que hemos detectado, aunque estamos seguros de que tú podrías enumerar muchas más.

Te sabes toda la paleta Pantone

Que si el blanco roto, el color hueso, el azul cielo y hasta el azul petróleo (para ti, antes solo había dos azules, el claro y el oscuro. Y ya). Si tienes la suerte de tener un decoadicto a tu lado, lo más probable es que tu gama cromática se haya multiplicado exponencialmente. Y la cuestión es que estás empezando a ver tú mismo los distintos matices, ¡y te encanta!

El revistero parece un quiosco de decoración

“¡Ni se te ocurra tirarlos!”, dice tu decoadicta favorita. “¡¡¡Pero si son de 2015!!!”, respondes. “Me da lo mismo, me gusta tenerlas”, sentencia. Probablemente sea una de las conversaciones más habituales cuando hay que hacer limpieza en vuestra casa. ¡Ah!, y los números atrasados que tienen un lugar especial en la librería, ni tocarlos.

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¿Es esta mi casa?

Sí, sí que lo es. ¡Aunque parezca otra! Resulta que el decoadicto con el que vives ha decidido aplicar los principios del feng shui a ver si comienza a fluir un poco mejor la energía en casa (¿en serio?, ¿después de dejar que se quede con todas las revistas?). Así que, el sofá que antes hacía de separador con el comedor, ahora está contra la pared y mirando hacia la puerta. No lo entiendes, pero lo respetas.

Conoces todos los programas de reformas

Empezó como una concesión y ahora es un pequeño placer oculto. Que si los hermanos Scott o los de Tu casa a juicio por aquí y Marie Kondo por allá. No sabes qué tienen esos programas, pero tú te has visto arrastrado a las redes de las reformas rápidas. Eso sí, cada vez que veis uno te quejas un poco (que no se vea que ya formas parte del club).

Sí, los muebles tienen nombres

Para ti, hasta hace bien poco existían el mueble del salón, el mueble de la entrada, el mueble del dormitorio y para de contar. Y no sabes por qué ahora eres completamente capaz de diferenciar un aparador, de una consola, de una cómoda y ¡hasta de un sinfonier! Aun así, hay ciertas cosas a las que no has llegado a ceder: para ti, la mantita del sofá siempre será la mantita del sofá (nada de plaids).

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¿Qué pasa con los cojines, que cada vez hay más?

Los decoadictos sentimos auténtica debilidad por los cojines. ¡Son un recurso tan fácil (y económico) para dar un toque distinto al salón! Sí, sí, piensas, pero, ¿qué hago con ellos? Mira por ahí, seguro que ese apasionado por la decoración ha incluido también alguna cesta de fibras para ponerlos cuando te vayas a acomodar en el sofá o irte a la cama. ¡Ay, hombre o mujer de poca fe!

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Ir al IKEA es mucho más que un ‘ratito’

Cada vez que oyes la palabra IKEA, tiemblas. Tu sentido de supervivencia da dos opciones: huir o enfrentarte al peligro. Como sabes que huir no es una opción, empiezas a preparar la mochila con una cantimplora, víveres y hasta una linterna (las pilas ya las compras allí) por si cuando salgáis del centro comercial es noche cerrada. Coges también el cargador portátil del móvil, te pones tus zapatillas más cómodas y... Ya estás listo para ¡un día de aventuras en IKEA!

¿Eso es nuevo? Tu salón cambia cada temporada

Cambia la estación del año y ¿tu salón parece otro? Los cojines son de un color diferente, la mantita (ya hemos hablado de la mantita) del sofá muta de textura y hasta los objetos que decoran la mesa de centro son otros. No, no te has vuelto loco, es el cambio de estación. Tal vez no entiendes tanto cambio de look, pero la verdad es que le has cogido gustillo a eso de que tu casa sea mutable.

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Sientes un “¡tierra trágame!” cada vez que visitáis a vuestros amigos

Llegáis a casa de algún amigo o familiar y, no sabes cómo, tu decoadicto ya se las ha ingeniado para que le den un house tour. Y, en menos de lo que canta un gallo, la visita se ha convertido en una master class personalizada de decoración. ¡No puede dejar de compartir sus decotips! Por suerte, parece que hay otro decofan entre los presentes y entre ellos se entretienen. ¡Momento salvado!

Yo tenía una lámpara que… ¿Dónde está?

Y quien dice una lámpara, dice un espejo, una mesa auxiliar o un cuadro. Si hay alguno de tus preciados objetos que no convence a tu decoadicto, te aseguramos que hará todo lo que esté en su mano para que desaparezca (aunque sea en extrañas circunstancias, con premeditación y alevosía). Eso sí, no lo tirará, lo esconderá en el trastero, ahí donde no se ve.

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