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Fregaderos de porcelana

 Lo primero que hemos de tener en cuenta a la hora de elegir el fregadero es el estilo. Los de porcelana inglesa son un clásico muy de moda. Son piezas compactas, cuyo frontal visto proporciona un look elegante a la cocina, tanto a aquellas que tienen una estética actual y urbana como a las más clásicas. 

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Materiales sintéticos

 Resultan muy cómodos porque no se tienen que limpiar constantemente para eliminar los restos de cal. Además, ofrecen la posibilidad de realizarse en la misma encimera, eliminando molestas juntas. De Silestone, Corian o Silgranit, un componente muy resistente de la firma Blanco. El Silgranit está compuesto en un 80% de granito natural, combinado con una matriz acrílica que es lo que le confiere esa textura parecida a la piedra pero sedosa al tacto. Se encuentra disponible en un montón de colores diferentes.

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Fregaderos de piedra natural

Los modelos más comunes de esta categoría se fabrican en granito o mármol, de una pieza. Su dureza es extraordinaria, su belleza indiscutible, pero se deben mantener cuidados especiales para que se conserve bien, ya que al ser de un material natural, puede desgastarse con el uso. 

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De mármol Macael pulido

Al igual que los modelos sintéticos, realizados a base de resinas con cargas minerales como el cuarzo, los fregaderos de mármol se pueden fabricar de una pieza junto a la encimera, prescindiendo de juntas. Este tipo de piezas también se ven sobre encimera, un tipo de instalación que veremos más adelante. Sus vetas son únicas. 

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El acero inoxidable

 Es el material más utilizado en su fabricación, debido a sus excelentes prestaciones de resistencia, duración, higiene y facilidad de limpieza. Los hay en acabados pulidos o matizados, tanto para instalar bajo la encimera como enrasados. Los más espectaculares son los que forman una superficie continua con la bancada de trabajo, o tipo abrevadero, como este.

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¿Una cubeta o dos?

 Aunque los de dos senos siguen siendo los más habituales, su elección debe realizarse en función del uso que se le dará y del espacio disponible ya que los hay de muchos tamaños y formas diferentes. El de una cubeta está indicado para cocinas pequeñas con lavavajillas. 

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Una sola cubeta redonda en inox

Puede ser la solución para cocinas muy pequeñas. Su forma circular aprovecha bien la superficie sin ocupar mucho espacio. Si lo acompañas de una grifería de caño extensible, alargarás sus posibilidades. 

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Seno y medio

En viviendas con lavavajillas, en las que la capacidad del fregadero no es tan importante, se puede optar por un modelo de seno y medio, en los que la cubeta convencional se completa con otra más pequeña, a menudo equipada con accesorios como escurridores o tablas de corte que encajan a modo de tapa para poder ser usada como mesa de trabajo.

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Fregadero con dos senos

 Es la opción más convencional, por su funcionalidad. Ideales para muebles estándar de 90 cm de profundidad, tienen unas medidas de aproximadamente 75 cm de largo x 40 cm de ancho. Su diseño propicia el lavado en una cubeta y el aclarado en la otra. 

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¿Instalación sobre encimera, al mismo nivel o encastrada?

La primera opción, que ilustra esta cubeta cuadrada de mármol sobre una encimera de madera, hace que se vea todo el cuerpo del fregadero. Este tipo de colocación se aconseja cuando la pieza es especial y deseas resaltarla. 

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Colocación enrasada

Es el método más habitual y visto en la cocina: el montaje superior. El especialista coloca y fija el fregadero en el recorte de la encimera preparado. Idóneo para modelos de acero inoxidable de una pieza como este. 

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Senos encastrados

En la instalación encastrada el fregadero se monta sin escalonamientos, por debajo de la encimera. Este tipo de instalación realza especialmente las encimeras, por ejemplo, de piedra natural.

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De una pieza

Los módulos de fregado, por último, se montan como una sola unidad, lo que evita que tenga que realizarse el hueco de la encimera. Los expertos aconsejan dejar al menos 40 cm libres a cada lado del fregadero para poder trabajar con comodidad.

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¿Dónde es mejor ponerlo?

Sin duda, si tienes una ventana, ubica la zona de aguas debajo para poder disfrutar de luz y vistas mientras se trabaja. Eso sí, hay que prever el alcance de su apertura para que la grifería del fregadero no obstaculice. En espacios reducidos, una ventana corredera puede ser la solución. Otra opción para estos casos son las griferías abatibles, que se pueden bajar hasta el nivel del fregadero cuando no se están usando.

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Propicia el triángulo de trabajo

Colocando el fregadero donde puedas trazas líneas de acción hacia las zonas de almacenaje y cocción. Cuanto más proporcionado sea este triángulo imaginario, más funcional resultará la cocina, razón por la que cada vez se opta más por ubicar el fregadero y la zona de preparación en una isla central o península. 

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Dos zonas de aguas diferenciadas

Si tienes espacio de sobra, es verdaderamente útil. Una de ellas puede destinarse al lavado de los platos y la otra funcionar como apoyo en el área de preparación de alimentos. Esta última se dispone generalmente en posición central para acortar los desplazamientos. Si sois más de uno a la hora de preparar la comida o la cena, lo agradeceréis.

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Crea una zona de aguas completa

La forma más cómoda es agrupar en una misma zona los distintos equipamientos que requieran toma de agua, como el lavavajillas e incluso la lavadora. 

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Todo a mano

Para obtener una zona de aguas completa, lo mejor es contar con un mueble bajo el fregadero perfectamente compartimentado, para tener bien guardados los utensilios necesarios para limpiar y fregar. 

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Accesorios muy útiles

Cubetas y escurridores que se adaptan al ancho de la cubeta, tablas de madera para cortar anexas, un surtidor empotrado para el jabón friegaplatos... Serás complementos que harán de tu fregadero una zona de trabajo 100% funcional. 

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Su compañera fiel

La elección de la grifería dependerá del tamaño del fregadero y del uso que se vaya a hacer de ella. Así, por ejemplo, en fregaderos pequeños, es mejor elegir una de caño no muy alto, para evitar salpicaduras. Los modelos monomando, que pueden accionarse con un solo dedo, y preferiblemente con caño extraíble, son los más versátiles.

El fregadero es la pieza estrella de la zona de aguas. Con el paso de los años ha sufrido grandes cambios, con el fin de adaptarse a las necesidades de trabajo diario y a las diferentes distribuciones. Por esta razón, como has podido ver, la variedad en cuanto a formas y acabados son muy diversas, y la zona del fregadero se equipa cada vez con más utensilios que abogan por la ergonomía y la comodidad. Con una cubeta o con dos; redondos o cuadrados; con complementos o sin ellos. Las opciones son casi infinitas.

Materiales y colores para todos los gustos

La elección de materiales para el fregadero es realmente amplia. Por ejemplo, el acero inoxidable, clásico y atemporal, puede integrarse en cualquier ambiente de cocina como prácticamente ningún otro material. En general, el acero inoxidable es higiénico, resistente y convence por su gran brillo. Su único inconveniente son las manchas de cal que se generan en su superficie. Además, su mantenimiento es más pesado y necesita lavarse a menudo con un producto específico. La ventaja es que hay modelos para todos los gustos, de muy diversos tamaños y combinaciones.

Pero para quien desee dar un toque de color, acertará con la cerámica, un clásico y con Silgranit, de la firma Blanco, el material compuesto de granito de gran calidad. Los fregaderos de materiales sintéticos, como el Silestone, son especialmente fáciles de cuidar y repelen la suciedad. Gracias a su fórmula de protección de higiene patentada, las superficies son antibacterianas.

Secar bien la vajilla

Si se cuenta con un gran espacio en el plano de trabajo es conveniente apostar por un modelo de fregadero amplio, donde poder desarrollar de forma holgada todos los cometidos. Además de una cubeta de dimensiones generosas es recomendable que ésta incorpore una zona de secado para agilizar la limpieza de la vajilla. Generalmente esta zona adicional para escurrir está realizada con el mismo material que la cubeta y se presenta como una prolongación de ésta.

Multifunción y versatilidad

No todos los fregaderos son iguales. Además del diseño y los colores, las dimensiones, los materiales, el tipo de instalación y los accesorios también juegan un papel importante. Para garantizar el confort óptimo, recomendamos un armario soporte de fregadero de 60 cm. Ofrece espacio para albergar un generoso fregadero con cubeta principal y adicional. Y debido a que el espacio normalmente escasea, los accesorios ingeniosos resultan muy prácticos: bien la manejable tabla de corte deslizable por el escurridor, o la cubeta multifuncional que puede colgarse en la cubeta principal, los prácticos accesorios amplían el espacio de trabajo y permiten realizar las labores cotidianas de forma fluida.

Complementos para el fregadero

Además de tablas de cortar o escurridores existen una gran variedad de utensilios para equipar al máximo la zona de aguas. De esta manera el fregadero se convierte en un auténtico laboratorio culinario.

Uno de los complementos más prácticos en un fregadero es el dosificador de jabón, que se sitúa al lado del grifo. Se trata de una pieza compuesta por una parte oculta en el hueco interior bajo el fregadero, la cual se llena del detergente para la vajilla, conectada con otra exterior que es el surtidor el cual se presiona y expulsa el jabón. Con este recurso se favorece la ergonomía, teniendo siempre a mano lo necesario para fregar los platos con total comodidad.