Un casa de campo hecha hoy como las de ayer
La distribución de los interiores, por su parte, está espléndidamente lograda. Un espacio diáfano en L, cuyo lado más largo se abre en sucesivas puertas al jardín, acoge, de izquierda a derecha, un estar en torno a la chimenea, cómodo y acogedor, un salón más formal con un sofá y dos butacas Regency, y un comedor con mesa ovalada y sillas con respaldo de rejilla. La cocina, abierta a este último ambiente, amplia, diseñada a la última con muebles de inspiración rústica, ocupa el palo corto de la L.
Y no quiero acabar sin decir algo sobre el mobiliario escogido. La madera con acabado natural triunfa en las mesas de centro y comedor. Cómodas, mesas auxiliares y vitrinas están patinadas en tonos suaves. Y los sofás, tapizados en blanco roto. Tan solo la tela de rayas de las butacas gemelas del salón rompe la armonía cromática. Y sirve de perfecto contrapunto a tanta neutralidad. Neutralidad que se impone también en el dormitorio. En este caso es la bañera exenta la que se encarga de destacar, con sus volúmenes abiertamente actuales, en una decoración medida, dulcemente rústica y con una cierta evocación inglesa.
La casa constituye toda una lección para nosotras. Así, en dos palabras, me atrevería a decir que para lograr el efecto de una apariencia de toda la vida cuando las cosas se hacen ahora, lo sabio es recurrir a la arquitectura y las técnicas constructivas tradicionales de la zona. En los interiores, la luminosidad, la amplitud, el confort, son, en mi opinión, los primeros objetivos. Eso sí sin descuidar los elementos decorativos enraizados con los orígenes de la tierra donde la casa se levanta.
¿Qué detalles te gustan más? ¿Los rústicos o las evocaciones inglesas? Danos tu opinión en los Comentarios de este artículo.