
Una casa rústica, mezcla de tradición y modernidad
La solidez de esta casa salta a la vista. No hay más que contemplar sus muros para confiar en su resistencia al paso de los tiempos. Cuando dio con ella su actual propietaria se encontraba un tanto deteriorada, y el tejado, los techos y los suelos hechos unos zorros. En fin, que hubo que retejar, retechar (una palabra inexistente pero que se entiende a la primera) y solar, ya entraremos en eso. Lo bueno buenísimo es que todo se hizo con muchísimo mimo y cuidado, y el resultado ha sido magnífico. Y al mismo tiempo encantador, amable y discreto, porque en ningún momento se ha intentado deslumbrar sino hacer de esta construcción de piedra una casa cautivadora y cálida, donde vivir feliz, con toda comodidad y muy a gusto. Y dicho esto entraré en harina porque hay tres cosas que me gustaría señalaros. Las tres nos sirven para aplicarlas a nuestras propias realidades, sean las que sean, las de ahora mismo o cuando nos llegue el momento.
La primera es la conservación de los elementos tradicionales cuando son prácticos y hermosos: es el caso de la reconstrucción de los techos de madera y vigas, todos de castaño gallego macizo, una solución de toda la vida que garantiza el aislamiento y la calidez. Tradición también en el mantenimiento de los huecos de las ventanas y puertas, de tamaño muy comedido. Y en el diseño de la cocina, una recreación renovada de una cocina de las de antes. Y lo más evidente: tradición en los muros de piedra, que se conservaron tal cual, se limpiaron y se retocaron allí donde hacía falta, unos muros que transmiten confianza eterna y aseguran protección ante cualquier exceso climatológico.