
Una casa con encanto rústico
Engancha a primer golpe de vista. Nada más abrir la primera foto, la del porche, entran unas ganas inmensas de estar allí, protegida del sol por la techumbre de caña y disfrutando de la brisa atlántica. Y, la verdad, no da la sensación de un espacio perfectamente compuesto y muy arreglado sino más bien todo lo contrario. Transmite sencillez y naturalidad a chorros, como si todo estuviera en su sitio por un azar prodigioso. Pero no, ni a vosotras ni a mí nos va a engañar esa buscada espontaneidad, porque todo está pensado y muy bien resuelto.
La sobriedad de la pérgola (hierro y caña) está buscada y conseguida, y el suelo, de barro antiguo del siglo XVII (veréis que me he enterado bien antes de ponerme a escribir) procede de un antiguo palacio de Cádiz en ruinas. Vamos, que no es un barro cualquiera. Las sillas, desiguales, han sido elegidas con mimo, lo mismo que todo el mobiliario. Y la cal de los muros, la pintura azul grisácea de las contraventanas, hasta las preciosas hortensias de la mesa, todo está seleccionado con esmero para derrochar autenticidad a espuertas. Y lo logra, claro que lo logra. Ese exterior nos atrapa nada más verlo, igual que los interiores cuidados a imagen y semejanza del porche. Porque una cae rendida sin remedio ante el encanto de este salón de cuento, y quisiera comer cada día en el comedor situado tan solo unos escalones más arriba. Todo de una sencillez extrema, pero todo también, digámoslo claramente, pensado y vuelto a pensar. Las fundas blancas de los sofás y la butaca son responsables de ese aire informal que lo envuelve todo, pero también de su encanto, como también lo son la mesa de madera decapada, las sillas de acento rústico y los tejidos de lino grueso que cubren generosamente la mesa. En la cocina, el refinamiento llega hasta los suelos, de losas de mármol desiguales procedentes de un casa antigua de Algeciras, seguramente con el exquisito afán de combinarlos con el fregadero de una sola pieza de mármol que podemos ver en la foto. Todo un catálogo de detalles de buen gusto y de un lujo delicado. Un catálogo que tiene que incluir el logro del dormitorio infantil, alegre hasta decir basta, imaginativo y feliz. Y sin duda el dormitorio principal, con salida directa al jardín, sencillo a más no poder pero igualmente arrebatador.