
La casa rosada: un viaje a la Toscana
Vista desde fuera, cualquiera diría (vosotras, yo misma) que estamos en la Toscana italiana. El revoco rosado tirando a rojo de la fachada y los muretes, las contraventanas y la carpintería del porche de un azul grisáceo, el suelo de piedra caliza embutida en una superficie de cantos rodados, el escenario de cipreses y frutales, el aroma denso de las lavandas... Todo en fin remite a una casa cuadrada de las muchas y hermosísimas que se levantan en el campo toscano. También el esmero, que intenta aparentar cierto descuido, en la disposición de parterres y arbustos y en la elección del mobiliario, en el que se mezclan hábilmente el ratán de los sofás, el metal de la mesa y la madera de unas tumbonas deudoras de tiempos pasados.
Traspasado el umbral, uno (o una en este caso yo) se da cuenta de que ha habido un error, que la entrada tiene truco y nos ha llevado a otra casa bien distinta aún estando seguros de que es la misma. Me explico. Los espacios que se abren tras los muros hablan de un gusto a la inglesa sin complejos y muy refinado. Dos sofás chéster se enfrentan a cada lado de la chimenea, tapizados en dos tonos de terciopelo distintos, una pareja de butacas de cuero cierra suavemente el cuadrado, y las mesitas auxiliares, los espejos gemelos y hasta la colección de jarras y soperas de la alacena antigua ponen las notas personales a este acogedor ambiente de club inglés. Y no lo digo en broma, que la decoración de esta casa es un modelo para quienes les encante este tipo de ambientes muy british. Incluso las que no somos tan forofas encontramos aquí muy buenas soluciones, porque el cuidado en la elección y disposición del mobiliario es exquisito.
Fijaos, ningún mueble supera la altura de los chéster, un sofá no siempre fácil de combinar, y el color viene dado por la carpintería de las puertas, el cuero de las butacas y el mostaza algo rojizo de uno de los terciopelos. De este modo se consigue una gran armonía y una sensación de orden y de tranquilidad. En el comedor, instalado en la biblioteca, son protagonistas las sillas y la mesa, réplicas neoclásicas de gran ligereza y finura. La cocina, de madera pintada de azul grisáceo y encimera de mármol macael y con un office empapelado con ramilletes de flores también azules, es todo un homenaje el estilo country inglés. Y aún falta la guinda final del baño principal, con una bañera de pies de garras que haría las delicias de un lord, y un papel a rayas digno de una mansión. Se abre directamente al vestidor y a través de él da al dormitorio, pintado en un gris suave, envuelto en telas cremas, relajante, clásico, eterno.