Orden en casa

¿Por qué acumulamos cosas? Estas son las 6 razones

¿Por qué guardamos y seguimos comprando cosas que no necesitamos y esto nos hace sentir culpables en poco tiempo? La organizadora profesional Lorena Peláez Valdés te descubre en este artículo todas las razones

Redacción El Mueble Actualizado a

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Antes de empezar a leer este artículo, debemos tener clara una cosa: el exceso de posesiones materiales no enriquecerá nuestras vidas. De hecho, comprar cosas que no necesitamos nos hará sentirnos culpables en poco tiempo. Por ello, sería conveniente analizar la causa por la que podríamos estar acumulando y afrontarla cuanto antes.

En este sentido, la figura de un organizador profesional puede ser de gran ayuda. Somos profesionales cualificados que, de manera objetiva, valoramos el nivel de acumulación y desorden. Os podemos ayudar a descartar todo aquello que ya no es útil o que os supone una carga emocional, proponiéndoos a su vez soluciones eficaces de almacenaje. Y esto es lo que espero conseguir explicándoos cuáles son las seis principales razones por las que las personas acumulamos cosas que, en la mayoría de ocasiones, son innecesarias. Sigue leyendo...

1. Buscamos seguridad en las posesiones

Después de satisfacer las necesidades más básicas como son un techo, la comida y la ropa que vestimos, nuestra lógica nos hace creer que más posesiones nos aportarán una mayor seguridad.

Sin embargo, esta seguridad añadida que creemos obtener es muy inestable, pues la mayor parte de nuestras pertenencias perecen, se echan a perder o se desvanecen. Y ocurre más rápido de lo que nos damos cuenta por lo que sentimos que nunca tenemos suficiente y caemos en una espiral peligrosa de consumo sin fin.

2. Fieles al cuanto más mejor

Ninguno de nosotros podemos admitir que una casa más grande, con un jardín más amplio, un coche más potente o el último modelo smartphone no nos haría más felices. Sin embargo, la sensación felicidad al comprar cosas es efímera y se vuelve más efímera aún cuanto más acumulamos y más compramos.

3. Queremos impresionar a los demás

En una sociedad capitalista, una vez satisfechas las necesidades básicas, el consumo se convierte en una oportunidad para mostrar nuestra riqueza.

Llegamos a comprar cosas solo porque nuestras amistades lo han hecho, no porque realmente las necesitemos.

Se fomentan las comparaciones y sentimos entonces la necesidad de revelar nuestro éxito económico al mundo. Es lo que se llama consumo conspicuo, una frase inventada hace años, pero que nunca ha tenido tanto sentido como hoy.

4. Anclados en el pasado

Una de las razones más poderosas que existen tras la acumulación es que determinadas cosas están unidas a sentimientos, que van desde dónde lo adquirimos, quién nos lo regaló y los recuerdos que tenemos de su uso con el paso de los años.

Se trata, en la mayoría de los casos, de posesiones poco prácticas en la actualidad pero que siguen con nosotros debido a ese apego sentimental. Las percibimos como una extensión del yo, por lo que deshacernos de ellas significaría una pérdida de identidad y de desarraigo en el mundo.

5. Miedo a decepcionar a otros

Cuando alguien nos regala algo, solemos ser agradecidos incluso con entusiasmo, aunque el regalo no sea en absoluto de nuestro gusto. Como seres sociables que somos, construimos nuestra propia imagen a partir de las retroalimentaciones que recibimos de los demás. Por lo tanto, si creemos que el no aceptar lo que se nos regala podría tener una valoración negativa sobre nosotros, tiene sentido que elijamos el no ser del todo sinceros.

De ese modo, seguimos conservando el jersey que nos hizo nuestra abuela, aunque nunca lleguemos a ponérnoslo y guardamos como auténtica joya de la corana la vajilla floral de nuestra boda, pese a que odiemos los estampados.

6. El hombre es un animal de costumbres

Los cambios traen consigo una pérdida de control momentánea que nos genera angustia. Además de esa pérdida de control, puede haber también una pérdida física, moral y emocional. Es por eso que los retrasamos y, en ocasiones, ni nos lo planteamos hasta que la situación es insostenible. No aceptamos que seamos unos acumuladores, o compradores compulsivos o que nuestra casa sea la mismísima definición de diógenes hasta que la situación se escapa de nuestro control.

Una vez detectadas las principales razones por las que acumulamos cosas en casa, ¡deberíamos ponerle remedio!

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*Autora del artículo: La organizadora profesional Lorena Peláez Valdés de www.simplelifeorganizers.com

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