
Un casa de campo hecha hoy como las de ayer
Esta casa no es lo que parece. Es aún mucho mejor. Me explico. Si contemplamos su fachada tenemos inmediatamente la impresión de que se trata de una antigua casa de campo rehabilitada. El tipo de construcción, la mampostería, el tejado a dos aguas, los algarrobos del jardín, y hasta el cielo resplandecientemente azul nos sitúan en el área mediterránea. Bueno, pues de antigua nada aunque de mediterránea mucho. Os cuento. Su propietario, un inglés enamorado del campo y del sol, compró un terreno de algarrobos en el interior de Mallorca, y tanto le gustó su situación cercana a Palma y al mar, que quiso construirse allí mismo una casa siguiendo las técnicas de toda la vida para que pareciera haber estado en este lugar desde siempre. El resultado ha sido un éxito. La sensación es la buscada y la realidad es que, inaugurada en 2010, está dotada de todos los elementos técnicos que aseguran comodidad y confort, que no son cosas menores precisamente cuando se vive en pleno campo.
Resumiendo: el éxito se ha debido fundamentalmente a la fidelidad a una arquitectura tradicional y al uso de técnicas locales. Y eso lo hemos comprobado ya desde el exterior. En el interior, losas de piedra de Binissalem cubren el suelo unificando así todos los espacios. En los techos, son las vigas de madera las que cumplen esta función con distintos acabados (más oscuros, más claros y luminosos), insistiendo además en el carácter rústico de la construcción. Dos puntos (techo y suelo) a tener siempre en cuenta. Acompañados de un tercero imprescindible, el de las paredes. En este caso ellas son las que ponen la nota elaborada con una pintura en tonos crudos o crema suave, como os guste llamar a ese color que del blanco se acerca al beige. Eso en cuanto a los elementos decorativos más básicos.