El jardín de una masía rescatado de las ruinas

Mitad vivienda, mitad establo, esta masía estaba a punto de derrumbarse cuando sus actuales propietarios se enamoraron de ella. Ellos supieron intuir los encantos que hoy la distinguen y aprovechar el gran jardín lleno de recovecos mágicos.

Cuando su marido le planteó su deseo de establecerse en el Ampurdán, Liliane no tenía ni idea de a qué se refería. “Para mí, era como si me estuviera hablando de la China”, confiesa. De eso hace ya muchos años, y es probable que hoy ya no pudiera residir en otro sitio. Pero la propuesta llegó cuando el matrimonio vivía en Bélgica, el país natal de ella. El caso es que Fede, originario de Barcelona, ansiaba echar raíces en esta comarca catalana, a resguardo del ritmo frenético de la ciudad. Y logró convencerla. Durante dos años, la pareja aprovechó todas sus vacaciones en Cataluña para buscar una casa apropiada donde residir con toda la familia, que entonces contaba con cuatro hijos pequeños. “Ahora todos están ya independizados, pero siguen volviendo los fines de semana”, cuenta Liliane con satisfacción.

Aún hoy, dos décadas después del inicio de su nueva vida como catalana de adopción, Liliane no sabe explicar muy bien con palabras qué fue lo que les hizo decidirse por esta masía, por entonces en un estado muy precario, y preferirla entre las muchas propiedades que visitaron en su periplo. En realidad, confluyeron diversos factores. “Habíamos visto otras más bonitas que ésta en lugares maravillosos. Pero yo soy muy práctica. Quería estar cerca de todos los servicios, desde los colegios para los niños a los médicos o el supermercado”. Aquí lo tienen todo: están en medio de un campo sereno y, a la vez, cerca de una población con todas las prestaciones, a la que pueden llegar con solo caminar diez minutos.

Liliane recuerda muy bien la primera impresión que le causó la que hoy es su casa. “No era muy grande y estaba prácticamente en ruinas. Pero tenía algo”.

En la reforma de la casa, que duró cinco años, se practicaron grandes aberturas en la fachada, de piedra y bien conservada, para tener la máxima vista al exterior. Una gran pérgola sirve de pasillo entre el jardín y la parte reservada al huerto de hortalizas y frutales. Al otro lado de la finca, un bonito estanque se utiliza para regar el huerto y el jardín.

“Ésta es una casa muy cómoda y acogedora”, apunta Liliane muy satisfecha. Y de toda la casa, se queda con su jardín y su comedor exterior bajo la parra, su rincón favorito. “Me encanta comer aquí, es una zona que aprovechamos mucho”, afirma. En general, el matrimonio disfruta muchas de sus horas libres en el jardín y en el huerto, donde cultivan frutales y hortalizas, con las que Liliane elabora sus conservas y mermeladas, otra de sus grandes aficiones. “Me encanta hacerlas, y luego abastezco a toda la familia”, añade con orgullo.

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