COSAS DEL PASADO

14 cosas que nuestras abuelas hacían en casa y que hoy serían impensables

Con menos facilidades que hoy, nuestras abuelas aprendieron a hacer de todo. Sus mil recursos son dignos de recuperarse... ¡salvo algunas cosas!

Amaia Porteiro Actualizado a

Nuestras abuelas son un compendio de sabiduría y habilidad. Muchos de sus trucos y remedios caseros siguen de plena vigencia y aprenderlos, a menudo nos ahorra tiempo, dinero y proporciona mejores resultados. Sin embargo, hay algunas cosas que, vistas desde la perspectiva de hoy, preferiríamos ahorrarnos.

Jarra de leche, lechera y vasos antiguos sobre tapete-294975

1. FREGAR Y ENCERAR EL SUELO DE RODILLAS

Todos recordamos que la fregona es un invento español pero en muchos lugares de la península tardó en hacer su aparición, así que se seguía limpiando el suelo al modo tradicional: de rodillas, con un paño y un cubo de agua. Si te parece un trabajo hercúleo... Lo es, pero piensa que ¡ sorprendentemente en algunos países desarrollados siguen sin conocer la existencia fregona!

2. LAVAR LA ROPA A MANO

Antes de la invención de la lavadora, lavar toda la ropa a mano era una tarea interminable, agotadora y tediosa. Tanto que las familias más pudientes tenían una persona dedicada en exclusiva a esta labor o recurrían a una lavandera. Las amas de casa tenían que dedicar todo un día a sumergir las prendas en una tina de agua hirviendo con ayuda de un palo, después se restregaba la prenda en una tabla de lavar con jabón casero (fabricado con antelación) para acabar aclarando y tendiendo la ropa, generalmente en tendederos comunitarios. Las "máquinas de lavar" fueron una auténtica revolución que hizo ganar miles de horas a nuestras abuelas y conseguir una mejor higiene.

3. COMPRAR LECHE FRESCA TODOS LOS DÍAS

La visita diaria del lechero era algo habitual en la rutina de los pueblos, o si no, se marchaba a la plaza para rellenar la lechera. La leche entera al natural desde luego mantenía todos sus nutrientes y propiedades, pero hoy en día son pocos los que optarían por el riesgo de consumir "leche cruda" sin pasteurizar.

Jarras de leche

4. FABRICAR JABÓN CASERO DE FORMA PELIGROSA

Antiguamente, el jabón de lavar la ropa no era algo que se compraba sino que se preparaba en casa usando aceite de oliva y un producto tan peligroso de manipular como la sosa cáustica. Los vapores que generaba la operación son impensables en un piso de hoy en día. Hacer jabón tu propio jabón vuelve a estar de moda, sí, pero utilizando la mucho más segura glicerina.

5. DAR VINO Y ALCOHOL A LOS NIÑOS COMO RECONSTITUYENTE

Hasta finales de la década de los '60, el alcohol no era percibido como una amenaza para la salud, sino que se le alababan sus propiedades reconstituyentes. Así que no es de extrañar que a los niños se les dieran sopas de pan con vino o vinos quinados para la merienda. Tampoco eran raras la cerveza con gaseosa o un chupito de coñac para los niños enfermos o con dolor de muelas.

6. CEPILLARSE EL PELO 100 VECES CADA NOCHE

Muchas de nuestras abuelas cumplían con este ritual a rajatabla: cada noche antes de acostarse, daban al menos 100 pasadas de cepillo a su melena. El truco, considerado infalible para mantener el brillo del cabello, tenía su razón de ser: al lavarse el cabello con menos frecuencia, el cepillado eliminaba el polvo y otros residuos que se acumulaban a lo largo del día.

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7. COCINAR EL BANQUETE DE BODAS EN CASA

La sobriedad, la falta de recursos y la poca oferta de restaurantes llevaba a que incluso eventos tan destacados como un banquete de boda se celebrasen en casa. Si preparar una cena para unos cuantos invitados te puede llegar a resultar estresante... ¡imagínate cocinar un menú nupcial completo para parientes y vecinos!

8. PLANCHARSE EL PELO (CON LA PLANCHA DE LA ROPA)

Alisar el pelo no era una tarea sencilla cuando no había un electrodoméstico seguro y específico para ello. Muchas adolescentes coquetas recurrían a planchárselo con una plancha de hierro de planchar la ropa... Achicharrando y castigando su cabello.

9. DESMAQUILLARSE CON LECHE

El maquillaje de décadas pasadas, desde luego no era waterproof ni tenía el poder de fijación de los actuales, pero muchas de nuestras antepasadas sólo podían recurrir a la leche para desmaquillarse. Tampoco era raro el uso de aceite de oliva para la misma tarea.

10. USAR COCA COLA COMO BRONCEADOR

Por algún motivo, hace décadas circuló la creencia de que la Coca Cola aceleraba un bronceado saludable. Sigue siendo un misterio cómo se le atribuyó esa cualidad a un simple refresco, pero los responsables de la marca se no han parado de desmentirlo desde entonces. Por supuesto, la bebida carece de factor de protección e incluso las propiedades exfoliantes del azúcar que contiene pueden incrementar el daño solar.

11. DEJAR JUGAR A LOS NIÑOS CON MERCURIO

El mercurio es un líquido con unas propiedades fascinantes. También hoy sabemos que es un peligroso tóxico para el sistema nervioso. Pero cuando uno de los termómetros de mercurio y cristal de la época se rompía, cosa bastante habitual, los niños lo reclamaban como juguete con el beneplácito de sus padres.

12. LIMPIAR LOS CRISTALES A DIARIO

Tener los cristales impolutos era una de las obsesiones de toda ama de casa que se preciase, terminado un una pasada con papel de periódico para resaltar aún más su brillo, por lo que era una tarea diaria, incluso en las zonas que llueve con frecuencia. No nos imaginamos de dónde podían sacar el tiempo para ello.

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13. REMENDAR TODO LO REMENDABLE

La habilidad de nuestras abuelas con la aguja nos parece hoy casi de ciencia ficción: encajes, ganchillo, ropa a medida para toda la familia... Y tenían la muy ecológica y económica costumbre de remendar cualquier roto. El problema es que normalmente debían hacerlo al acabar otras tareas, de noche y a escasa la luz de un candil. Además, muchas veces la necesidad llevaba a que algunas prendas se convirtieran en remiendo sobre remiendo, incluidos los zapatos cuyas costuras a menudo se abrían.

14. BUSCAR DUDAS EN LA ENCICLOPEDIA

Antes de internet y de Google, buscar la información no era tarea fácil. Muchas familias hacían un gran esfuerzo económico para ir comprando una enciclopedia a plazos. Tomos y tomos con bonitas encuadernaciones pero que ocupaban la mayor parte de la librería de casa y cuya información quedaba en muchas ocasiones inevitablemente desactualizada a los pocos años.

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