Del antiguo pajar que fue esta casa queda poco: los muros de piedra, algunas vigas y la considerable altura de los techos, que permitió agregar la planta de los dormitorios. Sin embargo, se mantiene intacto el aire rústico del que se ha querido impregnar la vivienda, propiedad de una familia amante del paisaje montañés de la Cerdaña.
La interiorista Mª Luisa Malagarriga, con la colaboración de los arquitectos Llorenç Olivé y Javier Trilla, fue la responsable de convertir aquel cubo vacío en una casa con espacios comunes muy bien aprovechados. ¿Cómo? Con puertas correderas y grandes paneles acristalados, que dividen los espacios sin cerrarlos a la luz. “Así se está más recogido en invierno y abiertos al exterior en verano, pero siempre disfrutando de la luz natural”, explica la interiorista.
Una combinación infalible
La funcionalidad era primordial, porque en invierno pueden reunirse aquí hasta tres generaciones de esta familia aficionada al esquí. Para ello, Mª Luisa ha combinado distintos materiales y complementos: un porcelánico de color hierro oscuro para el suelo en grandes piezas cuadradas y lo ha abrigado con alfombras de lana de pelo largo. Ha diseñado, además, un mueble para encajar la chimenea, dándole mucha presencia a la veta de la madera. Todo forma parte de un estilo que la interiorista denomina “intemporal”.

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Estilo rústico en estado puro
El espacio central de la casa reúne salón y comedor, separados apenas por un sofá de terciopelo gris. El comedor queda envuelto por un techo de madera con bovedillas y por el muro de piedra original; la mesa, de ligero aire colonial, se acompaña con sillas de fibras. Desde aquí, cinco escalones de granito conducen a la cocina, el rincón más rústico de la casa: “Aquí las vigas y el muro son originales. Se agregó una encimera de granito negro, y la nevera y hornos de acero, para marcar el contraste”. Una mesa cuadrada aprovecha el espacio para crear un office.
La escalera que parte del salón hacia la zona de dormitorios se acompaña de una barandilla de hierro en sus tramos bajos y de cristal en los más altos, una opción ligera y luminosa. El dormitorio se ha planificado abierto al vestidor y comunicado con el baño por una ventana. La pared del cabecero, tapizada con franela, da un toque abrigado muy original. El rincón de estar, de carácter afrancesado, es el contrapunto a esta decoración más rústica.

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