RECONOCE Y ENSEÑA

¿Practicas la inteligencia emocional en casa?

Aprende a escuchar tus emociones y asegúrate de que puedes controlarlas

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Pareja compartiendo comida en jardín

Hace casi 25 años de la publicación del libro Emotional Intelligence (Inteligencia emocional), de Daniel Goleman, en el que el psicólogo y escritor norteamericano ahondaba en la necesidad de reconocer las emociones (propias y ajenas) para así poder controlarlas (y que ellas nos nos controlen a nosotros), y el concepto sigue aún más vivo que nunca.

Tanto es así que, según me cuenta Lorena González Sánchez, doctora en Psicología y Educación que trabaja en el área de Psicología Evolutiva de la Universidad de Cantabria, la inteligencia emocional se trabaja prácticamente en todos los colegios desde las edades más tempranas, ya sea con el clásico Montruo de Colores o con el funcional Emocionario.

Cientos de estudios avalan sus efectos positivos en el aula, en relación con la atención y concentración, la resolución de conflictos e incluso con los resultados académicos, entonces, ¿por qué no practicar la inteligencia emocional en casa para así mejorar nuestro día a día?

Si bien es cierto que es algo que en ocasiones aplicamos de manera intuitiva (con el simple hecho de intentar que un bebé deje de llorar estamos enseñando a su cerebro a calmarse), ya que en realidad la inteligencia emocional tiene que ver más con las habilidades personales que con el aprendizaje académico, no está de más acercarnos al concepto de manera teórica para así luego poder implementarlo en nuestra vida de manera consciente y adecuada.

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¿Qué es la inteligencia emocional?

Goleman, como el gran comunicador que es, utiliza cualquier ocasión para explicar de manera clara y sencilla lo que es la inteligencia emocional, que no es otra cosa que la capacidad de ser inteligente utilizando nuestras emociones. Para ello debemos entender lo que sentimos y saber por qué lo sentimos, algo así como tener conciencia de uno mismo.

Por más que todas las emociones tengan un propósito, el problema empieza cuando algunas se vuelven muy fuertes o son inapropiadas, y es ahí cuando debemos aprender a manejarlas (conociendo las consecuencias a los actos que ellas originan) con el único objetivo de alcanzar la felicidad.

En cuatro fases

  • Conciencia de uno mismo: Saber lo que sientes y por qué lo sientes, lo que determina sus consecuencias.
  • Gestionarse a uno mismo: Controlar las emociones perturbadoras.
  • Empatía: Entender cómo se sienten los demás y saber qué les pasa.
  • Manejar bien las relaciones: Colaborar, resolver conflictos, escuchar, etc...

El aprendizaje

Para controlar las emociones, primero hemos de conocerlas para así poder reconocerlas. Tal y como suele explicar de manera muy didáctica el psicólogo Rafael Guerrero, sabemos cómo es la Torre Eiffel bien porque hemos estado en ella o porque nos han mostrado fotos de su aspecto o nos han descrito cómo es. Hemos de comprender aquello que estamos sintiendo en un preciso momento para poder verbalizarlo, porque no es lo mismo tener miedo que estar furioso o decepcionado.

El también autor del libro Educación emocional y apego cuenta que después de esta primera fase es fundamental legitimar la emoción, hay que experimentarla y expresarla, para poder aplicar la estrategia que nos ayude a regularla. Pero la cosa no acaba aquí, según el doctor en Educación hemos de hacer una reflexión final con objeto de dar una respuesta adaptativa (para ello hemos de tener cuantos más recursos mejor) y completarla con una narrativa, con una explicación.

comida al aire libre

En casa

Mucho tiene que ver la atención plena con la capacidad que tenemos para reconocer nuestras emociones y las de los demás. Es la capacidad de concentrarte en lo que quieres e ignorar las distracciones (y la base para el aprendizaje, por lo que se puede entrenar). Hay quienes lo llama meditación o mindfulness, pero los estudios académicos científicos prefieren hablar del "entrenamiento de la atención".

¿Cómo aplicar esto en nuestro día a día? Pues de manera muy sencilla: haciendo deporte, eliminando distracciones (tecnológicas sobre todo), descansando y durmiendo de manera correcta y entrenando nuestras capacidades cognitivas con audios guiados o ejercicios de concentración. ¡Ah! Y nunca empezando una tarea sin haber acabado la anterior, por más que sea recomendable intercalar en una jornada diferentes tipos de actividades.

made e hija en el campo

Con tus hijos

Ya hemos explicado que es necesario que nuestros hijos conozcan, reconozcan y verbalicen sus emociones, pero una vez legitimadas, hemos de enseñarles las herramientas necesarias para poder controlarlas. No van a poder cambiar lo que sienten, pero sí el modo de actuar y las consecuencias de sus actos.

Recuerda que eres un espejo en el que se miran, pero además te puedes valer de algunas técnicas sencillas como las que se suelen utilizar en el aula. Por ejemplo un semáforo en el que el rojo indica las emociones negativas; el amarillo, el tiempo de reconocimiento y reflexión para valorar las consecuencias, y el verde sería la decisión correcta a tomar. Trabajando de manera continua estas fases de la inteligencia emocional serán más sencillas las adaptaciones o los cambios de conducta.

La comunicación con tus hijos será fundamental para fortalecer sus habilidades sociales, también el afecto y, por qué no, trabajar su atención plena con juegos de mesa, puzzles o cuadernos para colorear. Eso sí, manteniendo los estímulos tecnológicos bien lejos.

pareja en un campo

Con tu pareja

Eso de que "dos no discuten si uno no quiere" es muy bonito en la teoría, pero si nadie nos ha enseñado a controlar nuestras emociones es casi seguro que ellas terminarán por controlarnos a nosotros. De este modo, para vivir en pareja (y en sociedad en general) es necesario saber autogestionar las emociones. ¿De verdad estoy enfadado sólo por esta pequeña cosa o hay algo más 'grave' de fondo que no soy capaz a identificar?

Debemos empatizar para comprender los sentimientos del otro, respetarlos aunque no los compartamos, verbalizar los nuestros propios, pero también escuchar de forma activa los del contrario. El equilibrio suele comenzar con la aceptación mutua.

Los cuatro caballos del Apocalipsis

  • El investigador y psicólogo John Gottman ha estudiado y descrito a la perfección los cuatro comportamientos más peligrosos y destructivos en una pareja.
  • La crítica: Distingue entre una queja concreta y la crítica, no ataques a la otra persona.
  • Estar a la defensiva: No hay que contraatacar, hay que aceptar un poco de responsabilidad.
  • Atrincherarse: Te retiras de manera física porque estás desbordado, hay que aprender a calmarse.
  • Desprecio: El más peligroso (burlas, insultos, etc.) predice el final de la relación y es el único que no es compatible con el amor.

En el trabajo

Es cierto que para acceder a un puesto de trabajo de alta dirección a priori se valoran de forma positiva los buenos resultados académicos (en habilidades como las matemáticas o el lenguaje), pero una vez allí, rodeado de gente tan inteligente como tú, en el mundo empresarial, se suelen tener mucho más en cuenta otras habilidades emocionales: nada académico, ni técnico, ni relacionado con el cociente intelectual, sino con la conciliación, la resolución de conflictos y otros recursos relacionados con la inteligencia emocional. ¡Exito profesional es directamente proporcional al éxito emocional!

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