
Una reforma llena de ideas
La profunda transformación de esta cocina permitió ganar metros, luz natural y una mayor comodidad.
Una reforma cambió radicalmente la imagen de esta cocina con el objetivo de ampliarla, disimular elementos arquitectónicos, integrar nuevas zonas y crear un espacio que se adaptara al máximo al modo de vida de sus propietarios.
El interiorista Javier Merediz fue el artífice de este proyecto cuyo primer paso fue anexionar un baño y parte del pasillo. “Con ello conseguíamos un espacio más lineal y abierto, y a la vez enfrentábamos las entradas de luz que provienen de los ventanales del salón hasta los de la cocina. Así, siempre hay luz natural”, explica. Una luminosidad que se reforzó con la luz artificial, formada por dobles focos halógenos de techo, una banda de fluorescentes sobre la isla, oculta por una lámina de policarbonato, y leds escondidos en la parte baja de los muebles, que proyectan una luz que crea sensación de amplitud y hace el ambiente más acogedor.
La cocina se organizó en torno a una generosa isla, con una parte volada y otra que integra módulos de almacenamiento, un lavavajillas y una nevera extra. “La zona de cocción se situó en uno de los frentes laterales, con la campana empotrada en los módulos superiores; una solución para no cortar la vista general”, expone el interiorista. En paralelo se alzó otro frente de columnas, con distintos fondos, para salvar pilares intocables, y en perpendicular se diseñó una zona de lavado. “La independizamos con puertas plegables y la pared contigua la empapelamos con motivos naturales para darle frescura y luminosidad”, añade. Para lograr una distribución confortable Javier optó por disponer el office frente al ventanal. “Es, sin duda, el mejor lugar: amplio e independiente del resto. Decidimos decorarlo con un aparador, en el mismo acabado que el resto de los módulos, roble visón, y con una mesa y unas sillas en tonos distintos. Optamos por una mesa con el sobre de cristal lacado en blanco y unas sillas de cuero, también blanco. Para romper la neutralidad, incorporamos un toque de color en la lámpara de techo; una pieza muy grande, de 80 cm de diámetro, con pantalla violeta y un difusor en blanco para no deslumbrar”, concluye el interiorista.