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Casa entre azules en Formentera

Entre azules, una casa en Formentera

Situada en lo alto de un acantilado, en esta casa la vida discurre con calma entre el suave azul del mar, el añil del cielo y los mil verdes de su entorno de lujo.

Hay historias que merecen ser contadas. Y la de esta casa es, sin duda, una de ellas. La historia empieza treinta años atrás, cuando Linda, una italiana asidua a Formentera, visitó esta casa por primera vez. La habían invitado a cenar y tras recorrer los dos kilómetros de carretera estrecha y serpenteante que conducen hasta este rincón de la isla llegó a ella.

Se enamoró de la vivienda de inmediato. De su ubicación casi imposible (la cúspide de un acantilado de más de 100 metros), su entorno, su silencio y sus características. Un auténtico flechazo que tuvo un final feliz. Al final de la velada, la entonces propietaria le dijo a Linda que si algún día la ponía a la venta la primera persona a quien llamaría sería a ella... Y cumplió con su palabra.

Desde 2001, Linda y su familia disfrutan de esta casa, ubicada en un lugar que describe como muy especial: “Tranquilísimo y aislado, ideal para desconectar. No hay cobertura para el móvil, tenemos una cisterna para el agua dulce y paneles solares. Nadie nos encuentra. De hecho, tengo que ir a buscar a la gente para traerlos hasta aquí”. Linda insiste que esta no es una casa “para aparentar”, sino para descansar y compartir con amigos. En un entorno tan natural, con un punto salvaje y los matices azules del Mediterráneo como telón de fondo.

Cuando la compraron, los nuevos propietarios apenas tuvieron que hacer obras. La casa, obra de un arquitecto ruso, fue construida en torno a dos árboles y, como señala Linda: “No tiene ni un ángulo, ni una arista en sus muros”. Una suavidad que contribuye a crear la atmósfera acogedora y orgánica que se respira en todos sus espacios.

Tiene cuatro dormitorios, un gran salón y varias zonas de estar, exteriores e interiores. Para su construcción se usaron los materiales locales (barro, cal, piedra, madera...). En la decoración, pocos muebles: piezas sencillas y funcionales, y un toque de color lavanda en telas y carpinterías. La fachada se pintó hace años de un suave color tierra y así se ha quedado, deslavándose poco a poco, de forma voluntaria, mientras se recubre de musgos y líquenes que la integran todavía más en su entorno prodigioso. Un entorno, con el mar al frente y una pineda tras ella, que la recoge protegiéndola del viento y determinando un clima que su dueña describe como ideal: “Nunca demasiado caluroso ni demasiado frío”. Una cualidad más de una casa que es un refugio perfecto.

 

Da un paseo por la casa a través de la Galería de Fotografías.

O vuelve al Especial "3 casas con vistas al mar".

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1 Comentarios

  1. Me gustaría ver el resto de las habitaciones , verla mas en detalle.

    LieV - 29/07/2015

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