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Banco de fibra junto a la fachada

Una casa en el sur llena de buenos momentos

En este rincón de la Serranía de Ronda pasan las vacaciones los londinenses Linda y Martin Bradbury. Una casa antigua decorada por ellos mismos, donde disfrutan de la lectura, la jardinería y la cocina.

Cuando la vida transcurre entre la bulliciosa Londres y la paz de un pueblecito de la Serranía de Ronda, se puede decir que estás disfrutando de dos vidas: una, cosmopolita y rica, aunque sea bajo un cielo brumoso; y otra, rural, tranquila y llena de encanto, protegida por un cielo resplandeciente. Un contraste enriquecedor.

Eso pensaron Martin Bradbury y su esposa Linda cuando compraron, hace ya dos décadas, esta propiedad rural en las cercanías del pueblo de Gaucín, rodeada de un paisaje de encinas, olivos, acebuches, algarrobos y castaños, con unas vistas espectaculares de la Serranía de Ronda. Un lugar perfecto para desconectar de la metrópoli y sumergirse en otro escenario, donde Martin y Linda pueden cultivar sus aficiones: la lectura, el cuidado del jardín y la huerta, la cocina y las largas sobremesas con sus invitados a la sombra del porche o bajo las estrellas de un cielo no contaminado. Una vida sencilla, alejada del trasiego de la cercana Costa del Sol pero a un paso de las playas de Málaga y Cádiz y del exotismo de Marruecos, que tanto les gusta visitar.

La casa original les pareció perfecta y tenía posibilidades de ampliación y reforma. Con la ayuda de profesionales locales prolongaron las terrazas y porches, hicieron una piscina, ampliaron el jardín, lo replantaron con especies mediterráneas y crearon una huerta que cada vez es más grande porque les encanta preparar recetas a base de hortalizas.

La cocina es el rincón donde se cuece la amistad y se preparan deliciosos platos que luego se degustan en el porche porticado, amueblado con piezas de fibra ligeras y frescas.

Martin y Linda, profesionales relacionados con la decoración y las reformas –Linda tiene una tienda de complementos en Londres y Martin se dedica a la restauración–, y con una gran sensibilidad estética, decoraron ellos mismos la casa. Y le imprimieron un estilo rural, en el que las técnicas artesanales, los materiales naturales y las piezas de mobiliario recuperadas hablan de las tradiciones y la cultura autóctonas. Como las losas de barro cocido del suelo, por las que es un placer andar descalzo, o la carpintería de madera de pino procedente de la zona, realizada por maestros artesanos.

En el interior se respira calidez y sosiego: la vibrante luz del sur se tamiza a través de cortinas de algodón y se atenúa con el suave tono verde aguamarina que tiñe puertas y ventanas. Las rejas cuentan historias de la forja que les dio forma, las tejas manuales recuerdan la huella de los árabes que se enamoraron de esta tierra y cada uno de los rincones de la casa dan cabida a un momento de felicidad. Esa felicidad escrita con minúsculas, que, si se busca, como hicieron Martin y Linda, se acaba encontrando.

 

¿Te gustaría tener una casa en el sur? Cuéntanos tu sueños en los Comentarios de este artículo.

 

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