
Un precioso mirador a la bahía
La situación privilegiada de esta casa mallorquina la convierte en un precioso mirador a la bahía. El interiorismo ha sumado amplitud, claridad y una cautivadora elegancia.
Llegamos al extremo suroeste de Mallorca, donde la sierra de Tramuntana se hunde en el agua creando una imponente postal mediterránea de roca blanca y mar azul. Esta casa es un inmejorable mirador sobre este paisaje. Construida y decorada para disfrutar de su magnífica situación, está rodeada de un pinar y, en su zona exterior, pavimentada con marés –piedra característica de la isla–, amueblada con piezas de madera y coronada con una buganvilla que se derrama sobre la pérgola.
La fuerza del paisaje convierte a este porche en un privilegiado mirador que, además, se ha aprovechado al detalle. Así, la zona de comedor de verano, con una gran mesa de madera y butacas de mimbre, se ha alojado bajo una pérgola abierta. En cambio, el estar queda al abrigo de una cubierta. Esto permite que, además de la división por uso –comedor y salón de exterior– puedan organizar sus funciones según la época del año, la hora del día y los caprichos del clima. Ambas zonas se benefician de la proximidad con la piscina, que está a apenas unos pasos, y, más allá, del extenso espejo de agua que invita a la vista a perderse en el horizonte, donde el cielo se funde con el mar.
La piedra de marés da a la zona exterior de la casa un carácter muy mallorquín, que combina a la perfección con el cuidado césped que rodea la piscina, los cipreses que apuntan al cielo y la explosión de color de la buganvilla, que en un futuro no muy lejano promete invadir buena parte del porche. Ya sea para relajarse al sol, darse un revitalizador baño o, simplemente, deleitarse con las maravillosas vistas, esta zona exterior es un auténtico lujo. Y, además, es un preámbulo de lo que nos deparan sus interiores: espacios abiertos, vestidos con tonos suaves y materiales naturales que refuerzan el vínculo de esta casa con su privilegiado entorno.
Si los exteriores eran de ensueño, los interiores de esta casa no son para menos. El salón, rodeado de ventanas que lo abren al mar, resulta tan fresco como acogedor. La zona de tertulia se ha organizado alrededor de la chimenea de obra. El sofá, con un práctico módulo chaise longue, se ha completado con un par de butacas orejeras de líneas afrancesadas y un versátil puf, que tanto puede servir de asiento como de reposapiés. El suelo es de mármol envejecido en color crema, aunque en la zona de estar se ha vestido con una mullida alfombra de pelo largo, perfecta para arropar las tardes de distendida tertulia ante el fuego.
Una simétrica composición de arcos rematados con piedra de marés -característica también de Mallorca– separa el salón del comedor y éste, a su vez, de la cocina. Se trata de una solución muy decorativa para ordenar e integrar a la vez los espacios, ya que ninguna de estas aberturas se cierra con puertas. Y, también, es una manera de agregar otro elemento natural, muy vinculado al paisaje que rodea la casa. El suave color arena de esta piedra caliza, que encuentra su réplica en las cortinas, aporta una cálida nota de color a este espacio cuya arquitectura está dominada por el blanco, ya sea en las paredes o en las vigas de madera, pintadas también de este color.