Una casa especial con mucho para aprender
Pasaremos ahora a repasar el mobiliario de la casa que es, tanto para el exterior como para el interior, clásico y elegido pieza a pieza con un gusto único y exquisito. La mesa de centro con sobre de rejilla, por ejemplo, cuenta con ruedas para su fácil desplazamiento, el velador metálico ha pasado por un proceso de recuperación, y la preciosa alfombra de lana es antigua. Las sillas Luis XVI del comedor están tapizadas en dos colores en contraste y, junto con ese delicado banco gustaviano antiguo, mantienen la línea sofisticada de toda la casa. En el dormitorio y el vestidor, más de lo mismo, y en ambos casos se han elegidos acabados decapados y tapicerías blancas y luminosas. En resumen: cada mueble, cada detalle, ha sido buscado con dedicación y felizmente encontrado. Y es una buenísima enseñanza para todas nosotras, porque para conseguir una atmósfera tan refinada y exquisita no es necesario que todo esté coordinado al milímetro ni que tenga el mismo estilo y procedencia. Es verdad que la cosa se hace más difícil, pero sin duda el resultado es más sorprendente y único.
Un ejemplo bien claro de lo que digo está en la cocina. En relación con el resto de la casa y en sí misma. Ahora lo vemos. En relación al resto de la casa porque se despega del aire afrancesado de salón y comedor acercándose a un estilo más abiertamente inglés: en los cortinones rojos, en el papel de flores que marca la zona del office, en las griferías y otros detalles del mobiliario, y en la elección de mesa y sillas. Pero en la misma cocina conviven la tendencia rústica y la tecnología más puntera. La campana de obra esconde una potencia poderosa y la encimera de madera acoge una placa de inducción a la última.
Lo dicho: la selección se ha hecho con mucho tiento, porque siendo como son objetos, muebles, o materiales diferentes, consiguen fundirse creando una atmósfera única, suave y muy refinada.