
Una casa elogio de luz y blancura
La claridad de esta casa madrileña impresiona. Tus sentidos la recorren abiertos para recibir los juegos de una luz infinita que salta, rebota y se multiplica. Nada le impide el paso: ni las cortinas de lino ni los muebles, que se han elegido bajos para hacer de la luminosidad la invitada de honor. Solo un marco tan inmaculado puede acoger una combinación de piezas actuales y clásicas como la que decora el salón. Todo es sutil en esta melodía de blancos donde el capitoné de la chaise longue y las lámparas barrocas enriquecen las líneas rectas del gran sofá que preside el salón. Y el resultado es un ambiente refinado, sereno, elegante sin discordancias, de ensueño.
El cenador que acoge el comedor es un excepcional mirador desde el que admirar la exuberancia del paisaje. Abierto al jardín, se han elegido las piezas básicas con el fin de no entorpecer las maravillosas vistas.
Lo mismo ocurre en el dormitorio, un ambiente etéreo, de cuento de hadas, que se abre al jardín. Esta vez, el baile de blancos cede todo el protagonismo a la naturaleza. La cuadrícula de la generosa cristalera te permite despertar contemplando el prado y la montaña. Esa sensación única se engrandece desde la clásica chaise longue, al dedicar un rato a la lectura mientras te dejas mecer por el aroma y los sugerentes sonidos del campo que se abre ante ti.
¿Tú también tienes una chaise longue en casa? Cuéntanos cómo son en los Comentarios de este artículo.