
Una casa de pescadores con mucho encanto
Cuando la encontraron sus actuales dueños, esta casa, antigua vivienda de pescadores, estaba hecha un espanto, pero a pesar de su estado calamitoso prometía convertirse en un eficaz refugio para toda una familia.
Así lo vieron quienes la contemplaban, la compraron y se pusieron a la tarea.
La han ido restaurando poco a poco con mucho amor y muchísimo buen gusto. En una zona del jardín (un exterior que contaba ya con árboles centenarios como el fantástico palosanto) instalaron un armazón metálico por donde se extiende la yedra y otras plantas trepadoras para conseguir así un porche a la manera de pérgola. Una solución buena bonita y barata, y absolutamente acorde con la naturaleza. El antiguo porche lo cerraron, integrándolo en la casa y transformándolo en comedor.
Y ya traspasadas las puertas hablaré de los interiores. No tienen muchos metros cuadrados con los que jugar, y los dueños se decidieron por abrir grandes vanos cuadrados en los tabiques, comunicarlo todo y hacer de varias estancias una sola con distintos ambientes. Además eligieron una decoración sencilla y discreta, pero con ciertos elementos delicados y exquisitos.
El salón, en el área más resguardada, con un gran sofá, una mesa de origen indio y un par de vitrinas para libros, tiene un aire informal y muy acogedor. El comedor sigue la misma línea estética, con la mesa, las sillas y el banco de almoneda. El toque sofisticado lo ponen la lámpara de techo y los apliques. Para la cocina se han elegido muebles muy actuales y prácticos, y se han combinado con unos azulejos pequeños rosa palo.