
Una casa renovada para disfrutar del sur
La casa que estáis contemplando con un aire marcadamente andaluz, ha sido renovada recientemente. Se había quedado algo anticuada y más volcada hacia el interior que hacia el exterior, así que sus dueños decidieron ponerla al día.
¿Y cómo? me diréis. Pues por un lado envolviendo sus muros y paredes en colores claros y tranquilizadores (vainilla, blanco roto, piedra clara) y, con la misma intención, aprovechando al máximo la generosidad de una naturaleza abundante, verdísima y siempre benéfica como es la costa gaditana mediterránea. Dicho así, de un tirón, parece fácil, pero para lograr los resultados apetecidos (y esta casa lo ha conseguido) hay que tener en cuenta una larga lista de cosas.
Vosotras lo sabéis bien, que todas nos hemos visto metidas en reformas y obras, y son muchas las teclas a tocar en esta tarea. El color de las paredes se tenía claro. Con esos tonos luminosos se ganaban luz y la pintura se aliaba felizmente con la naturaleza. Para el mobiliario se siguió la misma línea de actuación. Tapicerías de tonos suaves y limpios, como los de la chenilla que cubre la pareja de sofás en el salón, las sillas en capitoné del comedor, y la chaise longue y las butacas del dormitorio. La madera se reservó para las vigas del techo y la carpintería de los ventanales y puertas. Una manera sutil y muy proporcionada de poner en claro los orígenes rústicos de la casa. Del mismo modo que lo hace el suelo, de precioso barro artesanal, cubierto en muchos tramos de mullidas alfombras color perla, que se transforma en el recibidor en un damero de mármol rojo y beis de evocaciones señoriales (también señorío incuestionable tiene –fijaos en la foto del estar– la chimenea de mármol).
Así, campo, refinamiento y claridad se articulan suavemente formando un todo. Un todo muy medido, pensado para crear una atmósfera luminosa, confortable, sólida y un punto sofisticada (evidente en el fresco del techo del comedor). Eso de forma general, que ahora vamos a dar un repaso a algunos aciertos muy concretos para que no nos pasen inadvertidos. Por un lado, y quedándonos en el mismo comedor, está la buenísima elección de la mesa, ovalada, que a la manera de un espejo refleja la forma oval de la decoración del techo. Por otro, y ahora en el salón, quiero destacar las dimensiones amplias y generosas de los muebles (sofás, mesa de centro, mesitas auxiliares y vitrina), las más adecuadas a la generosísima altura del techo. Y por último, subrayar el logro (para mí) más feliz de la casa: ese porche perfectamente decorado que hace de resguardado salón casi todos los días del año gracias a este clima excepcional. Es mi espacio favorito, con muebles de ratán y mimbre, consistentes y leves a un tiempo, protegido del mundo por arcadas rotundamente mediterráneas sobre el verde radiante. Sentarse en ese butacón orejero, mirar hacia el jardín y dejar pasar suavemente las horas, así lo imagino, es el mayor de los lujos.
¿Crees que se aprovecha mucho el porche de esta casa? ¿Cómo lo aprovecharías tú? Danos tu opinión en los Comentarios de este artículo.