
Una masía catalana con varias vidas
Esta masía catalana del siglo XVII cautiva por detalles exquisitos y el tiempo se detiene para que disfrutes del aromático jardín mediterráneo que la rodea. El jazmín se enrosca a las rotundas vigas perfumando el recogido comedor de verano. Su aroma te acompaña hasta el salón exterior de invierno, resguardado por una pared de cristal que invita a pasar a la exuberante trepadora. Un telar indio como mesa, las fibras naturales y la calidez de la pintura decorativa lo abrigan.
Nada más entrar en la casa, el recibidor art decó te da la bienvenida con su elegante sofá, a juego con el espejo. Dominan el salón, presidido por una sencilla chimenea, los tonos crudos que amplían la luz derrochada por los ventanales. Un delicado toque provenzal lo recorre en una lección de buen gusto que conservó las vigas y la terracota del suelo originales. El toque afrancesado también suaviza el comedor, vestido con lino y seda natural bajo la refinada lámpara de lágrimas.
En el dormitorio, la quietud y la calidez se extienden en la madera de roble y en la suavidad de las alfombras, que limitan la zona de descanso y las dos de lectura, refugios generosos frente a la chimenea y el ventanal.
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