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Cenador cubierto de plantas enredaderas en el jardín

Un antiguo pajar rehabilitado

De Madrid al Empordà, Rosa se escapa siempre que puede a esta casa, un antiguo pajar que encontró por casualidad y del que se enamoró desde el primer momento.

Dicen que quien la sigue la consigue. Rosa, la propietaria de esta casa, es catalana pero vive en Madrid desde hace casi 30 años. Aun así, conserva sus raíces y su familia en su tierra. Para ella, pasar los veranos en Catalunya es una tradición sagrada y durante años tuvo una casa en la Costa Brava. “Cuando la vendimos, hará casi una década, la idea era comprar algo hacia el interior, concretamente en la zona del Empordà, que es maravillosa”, explica Rosa. Así que se puso manos a la obra y empezó a buscar casa. Y lo hizo a conciencia. “Yo creo que llegué a ver unas 100 casas –recuerda–, pero ninguna se ajustaba a lo que queríamos: por precio, por tamaño, por orientación, por ubicación...”.

Como un flechazo

Durante el periplo visitó, por casualidad, un antiguo pajar reconvertido en vivienda, en un pintoresco pueblo llamado Fonteta. Como sucede a veces con los sitios y personas que nos gustan, con solo entrar supo que aquel lugar era, en sus propias palabras, lo que le encajaba. De hecho afirma que, aunque ni siquera estaba en venta, nada más verla “supe que algún día aquella sería mi casa”. Le comentó al entonces propietario que, si decidía venderla, se pusiera en contacto con ella. “Un año después, me llamó. Cogí un tren y... ¡aquí estamos!”, ríe. Rosa es de esas personas que ama el lugar donde vive. Conoce sus rincones, el porqué de su forma de ser, la historia de sus pertenencias y hasta la de sus árboles. Como el enorme almez que preside el jardín: “Un árbol centenario que, en verano, nos da una sombra maravillosa”.

Comunicando espacios

La casa está en el casco urbano de Fonteta, un pueblo muy pequeño que apenas tiene un centenar de vecinos en invierno: “Al estar en uno de los extremos de la población, contamos con el lujo de tener un jardín, algo que no es muy habitual en estas casas de pueblo –admite orgullosa–, y unas espectaculares vistas al campo y al macizo del Montgrí”. Aunque no es decoradora, Rosa se dedica a temas vinculados con el mundo del interiorismo, por lo que estuvo muy involucrada en todo el proyecto de rehabilitación, del que se ocuparon los arquitectos Lluís Auquer y Ferran Prats, autores de muchas otras viviendas en esta misma zona. La estructura del antiguo pajar era muy singular, con techos muy altos y varios desniveles, así que se planeó una gran área muy diáfana y con salida directa al jardín, donde se situaron la cocina y el salón-comedor.

En este mismo espacio también se ubican dos habitaciones, entre ellas, el dormitorio principal. En otro nivel, donde antiguamente estuvieron las cuadras, se diseñaron otra habitación y un pequeño apartamento, lo que resulta muy cómodo si hay invitados o no se quiere abrir toda la casa para pasar solo un fin de semana. Las obras de restauración fueron muy intensas y todos pusieron su empeño en conseguir el mejor resultado. Rosa destaca la magnífica labor del constructor, Felip Osuna, autor de la singular cocina situada bajo una bóveda que parece recién arada.

Recuperando la historia

El proceso de rehabilitación rescató otros antiguos tesoros, como el pavimento original de la casa, una toba catalana natural, hecha manualmente y colocada en espiga y en cuadrícula. “También dejamos el cañizo del techo, otro elemento muy típico en las construcciones de esta zona”. Lo pintaron, eso sí, en el mismo tono caolín (una mezcla de blanco con un toque de ocre), empleado para pintar las paredes, que da luz y calidez. También respetaron los arcos de la estructura y trataron de reutilizar el máximo de materiales que ya estaban en la casa, desde el suelo hasta el techo con sus vigas de madera. “Incluso conservamos –cuenta Rosa– la cueva natural que encontramos al hacer la alberca y que hemos reconvertido en bodega”. Los estilos provenzal y rústico catalán se combinan en la decoración con absoluta naturalidad. “La idea era mezclar lo catalán y lo francés, aportando algunas notas contemporáneas, como el microcemento utilizado en la cocina y el cuarto de baño”. El resultado final es una casa cómoda, muy alegre y acogedora... No hay mejor manera de describirla: es la casa de Rosa.

 

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1 Comentarios

  1. Fresca, luminosa, vivida. Que hermosa casa.

    marcela16 - 06/08/2014

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