
Una reforma de ensueño en blanco y turquesa
Una reforma de ensueño convirtió esta casa mallorquina en un diamante de brillos inigualables. Se rinde al mar y a la sierra para que sus colores la conquisten. Así lo entendió la decoradora Carde Reimerdes, que la coloreó en tonos blancos y hueso para no molestar al magnífico escenario natural. En la prodigiosa tribuna del porche, clara en estructura y mobiliario, nada le hace sombra. Tampoco en el salón, donde solo las pinceladas en verde y turquesa recuerdan la proximidad del mar. En el comedor y en la cocina, los crudos se avivan con la presencia de tímidos toques marrones en las sillas y algunos complementos. Un juego de arcos los une y los acerca al jardín al mismo tiempo, abriéndolos a la luz. Así, su espíritu práctico se suaviza. El Mediterráneo, brillante y cristalino, se cuela por la terraza del dormitorio. Como salido de un cuento, evoca románticos encuentros gracias a las ondulaciones que dibuja la delicada gasa del dosel. Ni la majestuosidad de su estructura ni la amplitud de la cama interrumpen el sugerente recorrido de la mirada, que acompaña al mar hasta que se adentra en la sierra.