
Una casa para escapar y disfrutar del mar
Toda la casa está pensada para facilitar la vida, no para complicarla. Algo que así dicho parece fácil de conseguir y perfectamente razonable, pero que pocas veces se cumple.En este caso sí. Los propietarios querían (un deseo muy lógico) que su segunda residencia, la de los fines de semana y las escapadas vacacionales, fuera cómoda, sencilla de mantener y que no les diera trabajo. Y ahora me toca a mí contaros cómo lo consiguieron. Se decidieron por una construcción de una sola planta para evitar las escaleras y lo que eso supone de incómodas subidas y bajadas. Aprovechándose del clima benigno de la zona, ampliaron la casa con un amplio porche a lo largo de la fachada que da al mar, para así tener la posibilidad de hacer la vida al aire libre gran parte del año y beneficiarse de unas vistas que alegran el alma y reponen el cuerpo (mirad las fotos, por favor, y sabréis lo que es la envidia).
Por su parte, los interiores son limpios, geométricos, fáciles de conservar en un estado casi perfecto, y además cuentan con un suelo de piedra Cenia (una roca caliza de gran dureza y resistencia) que apenas requiere cuidados. Y eso no es todo, porque hasta ahora solo he hablado del aspecto práctico y funcional de la casa, que desde luego tiene toda la importancia del mundo, al menos para sus propietarios y para cualquiera que quiera disfrutar de una segunda residencia sin muchas complicaciones. Y sí, este aspecto está pensado y resuelto a las mil maravillas. Pero también hay que atender a lo otro: el confort, la comodidad, la estética. Y estaréis conmigo que en este terreno el resultado les ha quedado bordado. Vamos a ver: las fotos del salón nos hablan de que en este espacio todo está sujeto a una armonía interna capaz de transmitir a chorros paz y tranquilidad. Los dos ambientes gemelos formados por los sofás mirándose cara a cara y las mesas de aspas parecen reflejo el uno del otro, como en un espejo, por mucho que en uno de ellos sean chaise longues los asientos enfrentados. Una diferencia sutil pero indicativa de una voluntad de dejar marcas personales. Con todo y con eso, la geometría perfecta se desarrolla en las estanterías de madera maciza empotradas a ambos lados de la chimenea, en las lámparas de pie, en los estores exactos de las grandes cristaleras. La sencillez, las líneas rectas se mantienen también en el dormitorio. Cuenta con lo imprescindible y con algo más (la butaquita para leer protegido los días de frío) y encierra un tesoro: esa terraza con dos cómodos sillones de mimbre desde la que se contempla la bahía, el mar y se disfruta del aire y del sol.
¿Tienes segunda residencia? ¡Cuéntanos en qué basaste su decoración en los Comentarios de este artículo!