Una casa más que rústica en Cantabria
Fijaos bien en las fotos del baño y en el dormitorio principal, donde un muro de ladrillo artesanal se ve interrumpido por una delicada franja de ladrillos en espiga, copia del modelo que nos dejaron en felicísima herencia los albañiles musulmanes.
En este precioso cuento con final feliz no sólo hay una sino varias moralejas que nos
pueden servir a todas. La primera, la más evidente y la aplicable a la vida entera es que los sueños pueden hacerse realidad, ya que de un establo puede sacarse una esplendorosa vivienda. La segunda se refiere ya a un terreno más arquitectónico, y es que la naturaleza nos proporciona los materiales más auténticos, en este caso, piedra, madera y barro. La tercera y última enseñanza es plenamente decorativa y nos dice que ante la majestad, la fuerza y la energía de tales materias primas, lo más acertado es prescindir de lo superfluo y apostar por los elementos más básicos. Un mobiliario sencillo y práctico, las piezas necesarias para una vida confortable y cómoda. Tapicerías claras y muy naturales. Y tras la moraleja, ya se sabe, nuestra protagonista fue feliz y comió perdices en el lugar de sus sueños.
¿Te atreverías a vivir en una casa como esta en medio del bosque cántabro durante todo el año? Déjanos tu opinión en los Comentarios de este artículo.